Santiago de Compostela, La Coruña, España

Cuando el miedo puede más que el amor

El miedo siempre ha formado parte de nosotros. En algunos momentos quizás en mayor medida que en otros.

Decidiste darle el protagonismo al miedo, dejándome a mi como un actor secundario, uno prescindible en dónde nuestra historia ya no sería la misma. Decidiste construir una pared casi inexpugnable, la cuál me resultaba imposible traspasar sin tu ayuda, aquella que parecía poseer y que de un día para otro se esfumo sin avisar, sin motivos, sin razones ni explicaciones.

La verdad es que a día de hoy no entiendo el motivo del cambio que te llevó a pensar que era mejor separarnos. Decidiste anteponer las heridas causadas por el ayer frente a mis caricias cuya única intención eran curar todo aquello que otras personas habían destruido. Decidiste olvidarte de todo lo bueno por el miedo a que un día ya no existiera.

Todos aquellos sueños rotos que esta vez no fue otro mas que tu misma la que te encargaste de romper. Aquellas promesas que parecían ahora aviones de papel volando por el aire sin peso alguno, promesas que en su día eran más pesadas que cualquier avión real que te puedas imaginar. Esos besos que llevaban consigo mil y un sentimientos prácticamente indescriptibles incluso para el mejor escritor ahora no eran más que otros labios que una vez rozaron los tuyos. Aquellas palabras que buscaban como única finalidad conseguir sacar esa sonrisa que conseguía enamorarme cada día un poco más. Esos ojos que al mirarme fijamente me impedían pensar con claridad y me condicionaban a darte un beso, uno que si por mi fuera, duraría horas, días o incluso meses.

Pero supongo que cuando el miedo puede más que las ganas de amar, nos quedamos justo con eso, con las ganas.

Tú nunca fuiste una princesa y yo nunca fui un príncipe azul, pues para mi nunca ha sido un sueño sino una historia real. Ahora ya solo queda el espacio vacío que dejaste en mi, ese espacio que se siente y duele. Ahora me sobra el aire, pues ya no hay nadie que consiga dejarme sin el con un beso, con un abrazo o incluso con una simple mirada.

Tú nunca fuiste una princesa y yo nunca fui un príncipe azul, pues para mi nunca había sido un sueño sino una historia real. Tú que te entregaste, sin pensar, sin medir, sin meditar y sin miedos porque...

"El amor es para amar y no todos tienen la fortuna de encontrar a alguien de quien se pueda enamorar."

"Porque cuando el miedo pudo más que las ganas de amar, solo queda el miedo mirando como el amor se va."


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